Pasodoble compuesto en 1937. Se estrena por primera vez en 1941. El autor se lo dedica a su cuñado Francisco Pérez Molina, “Paquito el Chocolatero”. Sin lugar a dudas es la composición más conocida a nivel internacional del músico contestano. Pieza sencilla pero a la vez con una fuerza arrolladora. Tal vez ahí este el secreto de este pasodoble que se hace indispensable en cualquier acontecimiento social.
Este desenfadado y pegadizo pasodoble estuvo dedicado inicialmente a dos componentes de la Filà Bequeteros de Cocentaina (Bartolo Castelló Pérez y Rafael Gadea Pons). Pero al final, el propio autor decide adoptar el nombre genérico de la filà. Desde entonces, ya no se concibe a la filà Bequeteros sin este pasodoble ya que lo interpretan en todas los actos que participan en las fiestas de Moros y Cristianos de Cocentaina.
Este pasodoble esta dedicado a su amigo Rafael Ronda, festero de la Filà Maseros y gran formador. Le imprimió un estilo muy peculiar y original dentro de la obra de Gustavo. Se estrenó en 1941.
El día del estreno de esta marcha mora surgieron muchos problemas a la hora de interpretarse ya que no se entendía la melodía con el acompañamiento. Un cambio en la organización de la banda, ordenado por Gustavo, fue el secreto para que alcanzara el éxito reconocido por los presentes. La ordenación de la banda quedó de la siguiente forma: parte rítmica delante, acompañamiento y melodías detrás y finalmente los instrumentos de contratiempo. Esta marcha mora y los cambios en la formación de las bandas son pieza clave para la música festera. La obra le ha dado a Gustavo el título de renovador de la música festera abriendo horizonte por el que otros compositores han encontrado formas nuevas de expresión. Histórica y musicalmente se puede hablar de un antes y un después de Buscant un Bort.
Pasodoble de los denominados dianeros de una calidad suprema. Como especialista que era en el clarinete, sabe tratar a este instrumento con delicadeza haciéndole solear en momentos que resultan espectaculares. Se estrenó en 1942.
Marcha mora dedicada a su amigo Manuel Navarro Santamaría, gran festero de la Fila Bereberes o “Borts” de Cocentaina. Es la más laboriosa de las marchas compuestas y una de sus mejores obras. La prioridad de sus melodías reside en el metal, concretamente en las trompetas de sordina, que al repetir dichas melodías en el primer canto y en el tema central se adornan en el contracanto de los clarinetes o del flautín. En el fuerte final, este contracanto queda ampliado por toda la madera resultando una marcha grandiosa e imponente. Se estrenó en 1944. Esta marcha mora se utilizó como himno a la fiesta contestana hasta que se compuso el himno actual con música de José Insa Martínez y letra de Gerardo Mur Pérez.
Coincidiendo con la celebración del cincuenta aniversario de la composición del pasodoble Paquito el Chocolatero el año 1987, se tuvo que recopilar toda la obra de Gustavo. Entre las muchas piezas escritas y que quedaron guardadas y sin título fue ésta que por deseo expreso de los hijos del autor, Carmen y Gustavo, la bautizaron con el nombre de su madre, Consuelo Pérez Molina. Este pasodoble, que rompe con su estilo, expresa la concepción del autor a la hora de musicar nuestras peculiares fiestas y enriquece sensiblemente su obra.
Dedicado al festero de la filà Chanos de la vecina localidad de Alcoy al cual le unía una gran amistad con Gustavo. Lo concibió pensando en la grandiosidad de la Primera Diana, en la importancia de lo que puede representar el primer acto de las fiestas en cualquier población. Sus notas están llenas de fuerza y su estilo es depurado.
Es una variante del pasodoble El Bequetero. Lleno de gracia y desenfado, recuerda el acto de ratllar, esto es dar a cuenta dinero en la filà para sufragar los gastos de las fiestas del mes de Agosto.
El título de este pasodoble es fuente de discusión entre diferentes testigos del momento de la composición de la obra, por lo que resulta complicado determinar el porqué de este título. En el trío y fuerte final hay tendencia a omitir un silencio que confiere a la melodía un encanto significativo y original. Se estrenó en 1942.
(Un moret plorant)
Es una marcha mora que cautiva por la sencillez de su melodía. Es alegre y en sus notas se ven las pinceladas del espíritu mediterráneo, la fogosidad del alma valenciana, mezcla de árabe y europea. Al oirla nos transportamos, entre sueños, a los mercados árabes, al bullicio del puerto levantino.
Al igual que el pasodoble Consuelito Pérez, esta marcha mora también fue encontrada muchos años después que la escribiera el autor, si bien de la misma sólo existía el guión director y no estaba desarrollada. Al compositor José Maria Ferrero Pastor la familia le hizo el encargo de terminar la partitura, pero un accidente de tráfico sesgó la vida del músico de Ontinyent por lo que el trabajo tuvo que finalizarlo el director contestano José Pérez Vilaplana. Se estreno el año 1997 coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte de Gustavo Pascual Falcó. La curiosa circunstancia, de que de nuevo, y mucho tiempo después de fallecer el compositor apareciera un nuevo trabajo, provocó el título de la misma.
(Som i no som d'eixos)
Himno a la filá Bereberes.